EL CANTO COMO UN CUERPO

Cantar es una forma de desaparición, disfrutar la despedida de un trozo.  

La voz no necesariamente suena ni el canto es siempre música. El canto irradia más cualidades que lo audible ¿Qué puede ser un canto? La nuca vibra y replica debajo del vientre, allí hay un ancla que lo concentra todo, envía a los pies a hundirse como rizos en la tierra, así la mirada se une periférica y total en una cúpula celeste: la cúpula de resonancia. El cielo de la boca se despeja con este anclaje y el ceño se despliega. Inspirando el mundo, se contrae en el cuerpo, descomprimiendo el aire me expando en el espacio, los huesecillos más sueltos. Abriendo y hacia abajo, la garganta como un nido. Se derrama la voz como tiempo de la lengua. Lo que dura la lengua en transformarse en el espacio de la música es la temporalidad de la sensación.

La música viene de todo el espacio, viene de la mirada, de los cuerpos que escuchan sin querer, pero sobre todo de los que desean escuchar. El canto les devuelve algo suyo, algo de lo que esos cuerpos emanan como presencias, como imágenes-gesto, luz y calor. 

La escucha es doble. ¿Quién sabe nombrar lo manifiesto? Retorcer, ensanchar, estirar, la cabeza es gigante, los ojos se desorbitan hasta que finalmente se clavan como flechas por la periferia. Un espectro de mí misma me posee, se apodera de mi tamaño y lo duplica, las dos piernas como columnas crecen y se entierran. Un espectro de mí calla y el otro canta rodeando el grito.