IRENE

Unas manos que se estiran salen por la boca a tocar el mundo y esa sensación me permite fluir en sonido ilimitadamente. El paisaje que tanteo no siempre es la selva: es el desierto, el cielo de las 5:30, la caverna, un río en Cali, mi casa de infancia; un ser mitológico subiendo la montaña, unos fetiches africanos contándose cuentos alrededor de un animal muerto.